miércoles, 31 de agosto de 2011

AMOR INCONDICIONAL


Todas queremos ser amadas incondicionalmente, que por encima de cualquier error, fracaso o triste suceso se nos siga amando. Necesitamos amor y deseamos que el amor sea incondicional, como el que nosotras mismas decimos tener.

Pero, ¿es posible realmente el amor incondicional o es un valor abstracto e inalcanzable? ¿Alguien ama sin condición alguna? ¿Sin esperar nada a cambio, ni siquiera algo de amor?

Recientemente la Asociación Estadounidense de Hospitales Veterinarios realizó una encuesta en base a la hipótesis de “¿A quién llevaría de compañía si tendría que vivir en una isla desierta?, los datos fueron altamente reveladores, dado que un 80% de personas declararon que su acompañante perfecto sería su mascota por el amor incondicional que le retribuyen.

Me quedé pensando un largo rato sobre lo que había leído, mientras veía a mi perro “Tango”, acostado en el sillón de la sala lamerse las patas delanteras. Susurré su nombre con un tono meloso y volteó con urgencia hacia mí.

El porqué de las respuestas ciertamente estaba relacionado con la necesidad que los seres humanos arrastramos desde que nuestros padres dejan de ser dioses y la incondicionalidad del amor se acaba.Cierto es sin embargo, que toda regla, tiene su excepción, hemos visto por noticias, experiencias cercanas o propias que esa “incondicionalidad del vínculo paternal (incluyo en la palabra madres y padres) es otra creencia absoluta que deberíamos comenzar a rediseñar. Sin embargo, para seguir en la línea de mi pensamiento, “la incondicionalidad” es otra veta tramposa que la sociedad le ha impuesto al amor.

Nos gusta gritar a viva voz que somos capaces de “cualquier cosa” por ese otro, que “amamos” en sin condiciones, y que por sobre todas las cosas, el verdadero amor es incondicional, como diría Luis Miguel: “Tú, la misma de ayer, la incondicional, la que no espera nada”.

“Incondicional”

Una pregunta a realizarse es: ¿en la vida real este gran adjetivo es factible de actuar (ejercerse) o sólo es una linda máscara que nos hace “quedar bien hacia afuera y sentirnos buenos hacia dentro”?

Para poder responder a estas interrogantes, comencé por donde un sabio amante de las palabras comenzaría: el diccionario de la Real Academia Española. Mi desconfianza se coronó de sorpresa al revelarme que “incondicional”es un adjetivo que significa “ABSOLUTO, sin restricción ni requisito”.

Comencé a analizar el término desde su concepto a la aplicación coloquial concedida por los usos y costumbres. Siser incondicional es no tener límite alguno, ni exigencia ¿por qué pretendemos en las relaciones que él otro me comprenda o me acepte tal cual soy?¿Acaso esa no es una condición? Si el auténtico amor es el que no está condicionado ¿Por qué nos ofendemos cuando el otro actúa de forma diferente? Si ser INCONDICIONAL es no esperar nada a cambio, como la amiga de Luis Miguel, ¿Por qué nos sentimos amenazados cuando nuestra pareja decide destinos distintos a nosotros? Acaso nuestras relaciones ¿no están supeditadas a circunstancias?

Nuestro perro es el mejor amigo que tenemos siempre y cuando no orine o no se coma los muebles de la casa, porque cuando lo hace, lejos de “generar aceptación,” creamos ESTRÉS, pues el animalito no se comportó “cómo debía”. ¿Será tal vez, que anhelamos un vínculo incondicional del otro hacia nosotros, pero sujeto a restricciones de acá para allá?¿Seguiremos atados a la fantasía infantil de la seguridad emocional profesada por nuestros progenitores?

Sea cuál sea el motor que nos lleva a esa búsqueda inexistente, me pregunto con infame ingenuidad ¿qué tiene de malo que el amor adulto sea condicional? ¿Acaso no nos hace más responsable de las relaciones que creamos?

Si somos conscientes de que el vínculo que estamos estableciendo tiene fronteras, fondos, demarcaciones; que vive porque ambos insuflamos oxígeno, nutrientes; que es la respuesta a la dedicación TUYA + MÍA (y no una secuela azarosa del destino), habremos aprendido que debemos “cuidarlo”, “observarlo”, “mimarlo”, “alimentarlo”, “protegerlo de las flaquezas, de la rutina, de las tentaciones”.

Qué depende de NOSOTROS (tú+yo+ más nuestros miedos) para que siga VIVO.

Entenderemos que el AMOR por sí sólo no es suficiente (o que lo es en un plano abstracto) que siempre necesita de NOSOTROS para fluir y no desvanecerse en el intento de SER.

Chuchi González

Copyright © Chuchi Gonzalez.

miércoles, 17 de agosto de 2011

SINCRONICIDAD

La sincronicidad, es un evento que sucede fuera del tiempo y del espacio: sucede en otra dimensión. Lo trata de explicar la teoría de los campos morfogénicos, la Resonancia Mórfica y la Interconectividad, referida a fenómenos de la física cuántica, en los cuales se ha comprobado que no existe “separatividad” entre las cosas. La sincronicidad ocurre porque simplemente formamos parte de un campo unificado aunque todavía no hallamos formulado matemáticamente su existencia; es lo que la comunidad científica intenta desenpolvar desde hace varis décadas. Por otra parte uno de los elementos más dinámicos de este campo unificado es la sincronicidad que conecta a las unidades implicadas más allá de la tridimensionalidad en la que vivimos y nos orientamos de modo consciente.

Acuñan el término de “sincronicidad” Carl G. Jung y el premio Nobel de física Wolfgang Pauli.

A Pauli le atraía el asunto porque se sentía perseguido por singulares coincidencias, sucesos que sus colegas, malignamente, denominaban “efecto Pauli”. Pauli, físico más bien teórico que experimental, pasaba poco tiempo en laboratorios, pero cuando lo hacía, acontecían inexplicables roturas de aparatos o imprevistas averías de instrumentos. Estos sucesos ocurrían con mayor frecuencia de lo que la mera casualidad podía explicar. Ni siquiera tenía que suceder el incidente junto a él, bastaba con que estuviera presente a diez o veinte metros. Jung y Pauli concluyeron que existían dos clases de principios de conexión en la naturaleza. El primero era la causalidad ordinaria, lo que la ciencia normalmente estudia. Esta causalidad se estructura de forma lineal: si A causa B, entonces para que se dé B, debe ocurrir primero A. El otro principio de conexión era el acausal. Este principio fue denominado por Jung y Pauli “sincronicidad” porque asumieron que, contrariamente al principio de causalidad, los acontecimientos acausales se estructuraban en el espacio y no necesitaban para relacionarse el concurso del tiempo. O lo que es lo mismo: la sincronicidad admite que dos hechos se relacionen simultáneamente. Su lógica, si de lógica puede hablarse, es la lógica de la psique profunda, la lógica que sólo se halla en los sueños y en los mitos.

Cierto día, en Zurich, analizando Jung con una paciente un sueño de ésta última, y que se relacionaba con el regalo de un escarabajo de oro, algo golpeó en la ventana de su gabinete. Jung fue a ver qué era y al abrir la ventana penetró en el cuarto un escarabajo, un scarabeide cetonia aurata, lo más próximo a un escarabajo de oro que puede encontrarse en nuestras latitudes, especie emparentada con el mítico escarabajo de oro egipcio motivo de los sueños de su paciente y objeto de las actuales reflexiones del psicólogo..

La sincronicidad, denominado por la mayoría de las personas como “casualidades” es el principio que rige esa serie de circustancias y acontecimientos que nos pasan en el momento justo, en el lugar idóneo, en la situación perfecta.

Network

Cuando sin saber porque las cosas nos llegan cuando las necesitamos, nos encontramos con alguien que nos resuelve un problema cuando acabamos de pensar en el, o aparece la puerta abierta perfecta para el siguiente paso tras haber completado el anterior, eso es la sincronicidad. La sucesion de acontecimientos sincronizados en pos de un objetivo marcado, consciente o inconsciente, que tachamos de casualidades porque nos sorprende que todo este ocurriendo de forma tan perfecta y lineal.

Ejemplos de sincronicidad

La sucesion de acontecimientos que llegan a nosotros en el momento en que necesitamos que lleguen es infinita. Si estamos dándole vueltas a un tema que nos preocupa y de repente un amigo nos deja un libro de forma totalmente espontánea que nos proporciona la información buscada, si queremos conseguir un determinado objeto y oyes una conversación entre dos personas hablando de la tienda en la que acaban de traerlo, si resulta que estamos pensando secretamente en cambiar de trabajo y un compañero comenta que ha oido que en la empresa tal buscan alguien, etc. Todo aquello que marcamos como casualidad forma parte del mundo de la sincronicidad.

¿Como funciona?

La sincronicidad tiene una analogía con lo que explicamos no hace mucho del funcionamiento de la ley de la atracción. Como decía Paulo Coelho en El Alquimista: “cuando deseas algo, todo el universo conspira para que lo consigas“. El modelo siguiente, descrito por Aaron Murakami, nos puede ayudar a comprenderlo mejor:

synchronicity

Este modelo se basa en tres factores: nuestro pensamiento consciente, nuestra mente subconsciente y la mente inconsciente colectiva. El pensamiento consciente es el conjunto de nuestra actividad mental diaria, la mente subconsciente es nuestra mente automática de la que no somos conscientes, la que absorbe todos los datos que le llegan sin discriminar y ejecuta sus propios procesos lógicos de razonamiento. Es también el mediador entre la mente consciente y el inconsciente colectivo. Finalmente, el inconsciente colectivo es la mente infinita que contiene toda la información en el pasado, presente y futuro de todas partes, de todas las personas.

Si nos fijamos en el diagrama, vemos que hay cuatro personas (A, B, C, y D). “C” no esta indicado como tal, pero es la persona en la parte superior del diagrama. Los semicírculos son las mentes subconscientes y el círculo externo es la mente colectiva, conocida por muchos nombres en las diferentes filosofías, literaturas y religiones. Finalmente la línea de puntos exterior indica que no existe frontera para la mente colectiva, abarca todo y a todos sin excepción.

Bien, veamos. Si la persona A tiene un deseo X, su pensamiento “normal” es obviamente consciente del deseo. Por ejemplo, digamos que el deseo es un coche específico: un Honda Accord con 100.000 kilómetros y por menos de 2000 euros. Además queremos que sea de color azul.

La mente subconsciente de A toma este deseo X y lo implanta en la inconsciencia colectiva. X no sólo representa el deseo total sino además cada detalle en el cual se pueda descomponer nuestra petición.

De forma paralela, la mente subconsciente de cada ser humano está continuamente explorando activamente la inconsciencia colectiva buscando cualquier cosa con la cual resuene, es decir, cuya frecuencia vibratoria sea la misma que la del deseo expresado.

Pongamos ahora que la persona C tiene este Honda Accord. Tiene casi 110.000 kilómetros y lo quiere vender por 1950 euros, y además es azul marino.

El subconsciente de C detecta el deseo del subconsciente de A, y se fija al mismo. En estos momentos, ambas mentes están enganchadas.

Ahora, ¿como ejecutar las sincronicidades necesarias para que el coche pase de C a A?

Las mentes subconscientes de A y C influenciaran el pensamiento consciente de sus respectivas personalidades para hacer aquello que sea necesario para A y C que graviten el uno hacia el otro. Sabiendo que C quiere vender el coche y que ha puesto un anuncio en el sitio tal, A influenciara a su mente consciente para que se acerque a mirar ese anuncio, como si fuera una idea implantada en la cabeza de A que aparece de repente. Es probable que A este mirando coches en decenas de lugares a ver si encuentra lo que busca, pero su mente subconsciente le esta intentando guiar hacia un lugar determinado donde sabe que esta lo que desea. Cuando A hace caso de esa idea que le vino a la cabeza y se va a ese lugar, tachan, el anuncio del coche de sus sueños esta allí colgado. Vaya casualidad, ¿no? pensara A.

En realidad esto que parece tan fácil, y que podemos dar por un modelo valido de funcionamiento, depende en gran medida de dos cosas: cuanta “potencia” tenia nuestro deseo cuando fue emitido y creado por nuestra mente subconsciente para que la mente colectiva lo detectara y otras mentes pudieran “leerlo”, y cuanto caso hacemos a las “ideas” que nos vienen a la cabeza de repente cuando queremos conseguir algo.

Nassim Haramein explica en su teoría el significado de las sincronicidades como la forma en que el Universo en su vacío –agujero negro- se autorregula; reciba toda la información, la coordina y responde. Cuanto más sepas acerca de la sincronicidad, más “coincidencias” ocurrirán en tu vida y mas podrás beneficiarte de este poder. Creas tu realidad pero tu realidad también te crea a ti.

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